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Astrónomos ciegos

2016-02-04T00:00:00 Dr. Thomas A. Hockey - Universidad de Iowa del Norte (Traducción de Enrique Pérez Montero)

La expression “astrónomo ciego” es usada como un oxímoron alegórico. Sin embargo, ha habido y hay astrónomos ciegos que son reales, sin contar el personaje de la película “Contact”. Algunos de ellos no son tan conocidos, pero ¿qué hay de los que sí han sido famosos?

Cuidado con el Sol

En primer lugar, hay que aclarar que estos astrónomos no fueron ningunos mártires. Es un mito que los astrónomos se quedaran ciegos por observer directamente el Sol.

Ya desde la época del francés Guillermo de Saint-Cloud (arox. 1290), los astrónomos conocían que mirar directamente al Sol era perjudicial para la vista y lo evitaban.

Galileo Galilei no inventó el telescopio astronómico para luego quedarse ciego con uno. Galileo observaba el Sol durante el amanecer y el ocaso o mediante la proyección de su luz. Más de veinte años después Galileo se quedó ciego como otros muchos septuagenarios independientemente de su profesión.

 

Manchas solares dibujadas por Galileo Galilei

Manchas Solares dibujadas por Galileo Galilei

 

El ingles Thomas Harriott, co-descubridor de las manchas solares, perdió la vista en una de sus observaciones solares durantes unas horas, pero la recobró y no cometió de Nuevo este error.

Incluso Isaac Newton se quedó temporalmente ciego cuando era joven mirando directamente la reflexión de la luz solar. Aparentemente los jovenes hacían locuras incluso en aquellas época.

Pero, ¿ha habido ciegos permanents a causa de la observación del Sol? No, no los ha habido.

Por ejemplo, el abad ingles Richard de Wallingford (aprox. 1291 – aprox. 1335) escirbió trabajos astronómicos y diseñó instrumentos astronómicos. Era también ciego de un ojo. Más tarde, también enfermó de lepra, así que la ceguera de este abad fue la menos grave de sus enfermedades.

El escocés James Gregory (1638-1675), inventor del telescopio gregoriano, se quedó ciego durante una huelga. No obstante, murió solo días más tarde y su ceguera no interfirió en su ocupación.

El mismísimo ya mayor Giovanni Domenico Cassini (1625-1712) se quedó ciego, aunque ya estaba retirado y tras dejar a su hijo a cargo de la dirección del Observatorio de Paris.

De manera similar, Thomas Maclear (1794-1879), director del Royal Observatory en el Cabo de Buena Esperanza, se quedó ciego cuando ya estaba jubilado.

 

A pesar del mito, ningún astrónomo se ha quedado ciego por observar el Sol.

A pesar del mito, ningún astrónomo se ha quedado ciego por observar el Sol.

 

 

Ciegos, pero activos

Quizá el astrónomo ciego (o casi) profesionalmente activo más famoso sea  Dominique François Dominique Arago (1786-1853), director hasta su muerte del observatorio de Paris que, durante el siglo XIX, era de los más prestigiosos. Sin embargo su ceguera le sobrevino hacia el final de su carrera, cuando su papel estaba centrado en la influencia política. Arago también fue un prominente abolicionista. Ambas actividades requerían de perspectiva, pero no hacía falta la vista para llevarlas a cabo.

Nicholas Mayall, director del Observatorio Nacional de Estados Unidos en Kitt Peak, era daltónico. ¿Eso cuenta? Probablemente no, aunque siendo director de un observatorio, al menos empíricamente, esto parece un inconveniente.

No quisiera decir nada que trivializara la aflicción que supone la ceguera. El anciano William Campbell (1862-1938), que fue director del Observatorio Lick y president de la Universidad de California, quedó ciego de un ojo y, poco tiempo después, también del otro. Sumado a otros problemas adicionales de salud, le llevó al suicidio cumplidos ya los 70 años.

En contraste, el suizo Leonhard Euler (1707-1783) fue el Beethoven de la astronomía. Realizó aproximadamente la mitad de toda su obra estando casi o totalmente ciego (tenía una memoria prodigiosa). Aunque Euler era un mecánico celeste, muchos lo clasifican más como matemático que como astrónomo.

 

Euler, uno de los grandes científicos de la historia, era ciego.

Euler, uno de los grandes científicos de la historia, era ciego.

 

El ruso Nikolai Lobachevsky (1792-1856) fue un matemático ciego famoso por el uso que hizo Einstein de su geometría no euclidiana y también se ajusta en esta categoría. Lobachevsky es uno de los casos menos comunes ya que se conoce con exactitud la causa de su ceguera: cataratas. Dictó su último trabajo a un escribano, a semejanza del poeta y cosmógráfo ciego John Milton.

Considerando el campo de trabajo de Lobachvsky, éste debió de tener un montón de escribanos matemáticamente adeptos.

Volviendo a la astronomía observacional, encontramos al italiano Geminiano Montanari (1633-1687), ¿Quién fue Geminiano Montanari? Fue el primer astrónomo en documentar  la variabilidad de Algol, la “estrella del demonio”. Más tarde perdió la vista.

 

Edwin Frost

Para mí, la historia más conmovedora de un astrónomo discapacitado visual es la del americano Edwin Frost (1866-1935) y sí, era director de un observatorio, esta vez del de Yerkes. Siendo vidente, Frost había dirigido importantes expediciones del observatorio para observar eclipses totales de Sol. Lo que constituyeron una importante fuente de datos para conocer mejor la atmósfera solar.

 

Edwin Frost

Edwin Frost

 

Estas expediciones no siempre dejan un registro útil, debido a las malas condiciones meteorológicas, como en el eclipse de agosto de 1932. De hecho, para la mayoría de astrónomos situados en el camino del eclipse en Nueva Inglaterra el eclipse no se observó debido a las nubes. Excepto para uno, el ya retirado Edwin Frost.

A pesar de todo, Frost nunca vio el eclipse. Estando aún en Yerkes, él había perdido la vista. Sólo podía caminar desde su casa al observatorio siguiendo con la mano una cuerda puesta para él. Tal como relata Donald Osterbrock la anécdota del eclipse en su libro de 1997 sobre el observatorio de Yerkes: “Frost […] acompañaba a su mujer a una visita a su hijo, que vivía a las afueras de Portland, Maine […] Allí disfrutaban de cielos despejados y los nietos del viejo director le describieron los 92 segundos de totalidad del eclipse.”

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